NACIMIENTO DE NIKOLE

Conocí la página web de Silvia Burgo buscando por internet sobre parto en casa, lo primero que hice fue leer los relatos de parto en casa que tenía publicados en su página, leer las historias de otros partos me ayudó mucho y por eso, por si a alguien le puede ayudar, yo publico mi historia.

En 2014 me quedé embarazada de primer hijo, tuve un embarazo fantástico y el día del parto lo esperaba con ganas, no tenía miedo y confiaba mucho en mí. Pero el día del parto no llegaba, pasé la semana 40 y la 41 y finalmente me dieron fecha de inducción para el día 41+5. Llegó el día, estaba triste porque no había podido experimentar lo que era ponerse de parto y sabía que ya no iba a ser lo mismo, que mis expectativas de parto se caían y que ya no iba a poder tener el parto deseado. Eso era lo que me habían dicho, que una inducción ya no era lo mismo y que no lo iba a poder hacer sin epidural, poca explicación más me dieron al respecto.

La inducción, a pesar de que aparentemente todo iba bien, acabó en cesárea de urgencia. Después de dilatar por completo, esperar unas 3-4 horas a que Hodei bajara e intentar sacarlo con fórceps, la ginecóloga me dijo que tenían que hacer una cesárea. En ese momento y sin yo saberlo mi vida cambió para siempre, la cesárea fue “bien” pero nadie me decía nada, oí llorar a un bebe sin saber hasta un rato después que era Hodei, y esto mientras una enfermera intentaba quitarme el anillo del dedo con un hilo haciéndome un daño horrible, tanto que tuve herida y marca en el dedo durante unos días, no consiguió sacarlo. Me lo acercaron a la cara ya limpio y vestido llorando, no le pude tocar porque estaba atada, cuando le dije algo me miró sorprendido y dejo de llorar, pero enseguida lo pusieron en algún sitio detrás de mí. Mientras le oía llorar, preguntaba cuanto faltaba para terminar pero nadie me contestaba, tenía ganas de vomitar. Media hora después cuando terminaron de coser me lo pusieron en el pecho y fuimos a la habitación donde nos esperaba Angel, su padre, que había pasado el peor rato de su vida, sin que nadie se dignara a acercarse y decirle algo, que todo iba bien o lo que fuera, tuvo que ver como todo el mundo corría a preparar el quirófano, sin saber lo que pasaba ni si estábamos bien.

A partir de aquí y durante un postparto bastante duro me empecé a cuestionar todo, ¿Qué había pasado?, ¿Realmente salvaron la vida de Hodei?, ¿La mía?, ¿No hubiese conseguido parir sin intervenciones?, ¿Y si no hubiera ido a la inducción?, ¿Era necesaria?. Empecé a leer, a informarme, a ir a grupos, conocí El Parto es nuestro y Apoyocesareas y poco a poco fui dándome cuenta de lo que había pasado. Por un lado, había sido sometida a una cirugía mayor porque sí, porque no se confía en las mujeres para parir, mejor calladas y sumisas que no tenemos ni idea, ellos sacan a nuestros bebés, ¡tranquilas!. Por otro lado, no había sido consciente de las consecuencias que tienen las intervenciones que se hacen en los hospitales por protocolo y que desgraciadamente están muy normalizadas. Estuve dos meses después del parto con unos dolores que no me dejaron disfrutar ni de la lactancia ni de nada, y me dí cuenta que nadie entendía por lo que estaba pasando. Yo estaba “bien”, Hodei también, ¿Qué mas quería? Estaba sola y como yo cuantas mujeres… una pena.

El tiempo fue pasando y con él, las ganas de llorar cada vez que contaba mi parto, estaba atravesando un duelo, el duelo por el parto robado, con todas sus correspondientes fases. Y dos años y 5 meses después de aquel día me volví a

quedar embarazada, esta vez todo era diferente, yo era otra, más empoderada y con mucha más información, aún así todavía tenía trabajo que hacer para conseguir el parto deseado; informado, respetado y mío, nuestro.

Lo primero que hice fue contactar con Carmen para apuntarme a sus clases de yoga para embarazadas, sabía que de alguna manera quería ser acompañada por Carmen, a la cual conocí en la formación de asesoras de lactancia que hice un año atrás aproximadamente. Sentía que toda la información y apoyo que necesitaba, ella podía ofrecérmela y unas semanas después Angel y yo decidimos contratarla como doula. Esta vez no quería que nada estropeara el momento y decidimos que el día del parto sería un gran apoyo por lo que pudiera pasar, también tenía miedo de volver al hospital y poder contar con Carmen ese día me dejaba más tranquila.

Según pasaba el tiempo me asustaba cada vez más la idea de tener que ir al hospital, sabía que los protocolos con cesárea anterior no me favorecían en nada y que era muy difícil librarse de las intervenciones, con lo que esto suponía. No quería que volviera a pasar lo mismo, no quería otra “in-necesarea”, quería parir yo, sentía que no podía ser de otra manera. La idea de parir en casa me rondaba por la cabeza pero mi parte racional la apartaba porque aunque había leído mucho al respecto y me parecía una opción estupenda no me atrevía a dar el paso. Qué pensarían mi familia, amigos, entorno, matrona etc. ¿y si algo no salía bien? Lo que tendría que escuchar… Aún así cada vez que pensaba en el día del parto me veía en mi casa, no me veía otra vez en el hospital, no me sentía con fuerzas de tener que “pelear” con ningún sanitario ni tener que esperar a la suerte para que me tocara alguien que me respetara y acompañara durante el parto que yo quería. No quería volver allí y sabía que esta era una oportunidad, seguramente la última, que no podía dejar escapar ni dejar en manos de la suerte ni de nadie. Era mi momento, el lugar donde me sentía segura era mi casa y finalmente Angel y yo lo pensamos y decidimos intentarlo.

Le conté a Carmen nuestra decisión y empecé a buscar matronas, no había tiempo que perder porque suelen tener las fechas bastante ocupadas y yo ya estaba de 15 semanas. Un par de equipos me dijeron que no podían y uno de ellos me pasó el contacto de Silvia que junto con Dani con el que también había hablado por teléfono anteriormente decidieron hacer equipo y atender y acompañar nuestro parto. Estaba contenta, pero decidimos no decir nada a la familia, al final no sabíamos cómo iba a transcurrir el embarazo y si finalmente lo conseguiríamos. Al fin y al cabo lo íbamos a intentar, si al final había alguna complicación tendríamos que ir al hospital, pero ya con un motivo real o por decisión nuestra.

Tras una primera visita de Dani y concretar cosas, preguntar dudas etc. decidimos seguir hacia delante por ambas partes. A partir de ahí el embarazo transcurrió con normalidad, todos los controles estaban perfectos y Dani y Silvia iban haciendo las visitas acordadas para seguir resolviendo dudas y preparar el momento, ellos me transmitían tranquilidad y confianza. De mientras, las clases de yoga y los libros que iba leyendo iban empoderándome cada vez más, no tenía miedo, es más quería que llegara el momento para poder parir, quería parir. Cada vez estaba más segura de que era la decisión correcta, además el hospital siempre estaba ahí, si algo se salía de la normalidad acudiríamos sin problema.

Uno de los puntos tratados con las matronas era, llegar a la fecha de inducción que me daban en el hospital sin haberme puesto de parto como la otra vez. ¿Qué haríamos? ¿Qué quería hacer yo? Al final había muchas posibilidades de que se volviera a repetir y esto me daba bastante respeto. ¿Me negaría a la inducción? No había dicho nada a mi matrona ni a ninguna ginecóloga de mi intención de parto en casa, no quería sermones ni ser juzgada. Y si esta fecha llegaba y no me presentaba en el hospital tendría que dar explicaciones, que aún estando en mi total derecho sabía que podría ser presionada mediante el miedo para acudir a una inducción. En mi caso, una inducción era lo peor que me podía pasar, forzar de una manera artificial a mi cuerpo para parir con una cicatriz en mi útero aumentaba las probabilidades de una segunda cesárea.

Unos días antes de cumplir la semana 40 empecé con un catarro bastante potente, muchos mocos, dolor de cabeza y tos, ¡no podía ponerme de parto así!, pensaba. Todo el embarazo estupendamente y al final me tengo que poner enferma…los días pasaban y yo no mejoraba. De repente en la semana 40+6 mientras estábamos esperando para sentarnos a comer en un restaurante empiezan unas contracciones un poquito fuertes cada 5 minutos, nos ponemos nerviosos y no sabemos qué hacer, si quedarnos a comer o marcharnos. Así estuve durante 2 horas y cuando ya habíamos decidido volver a casa se fueron pasando y ya no volvieron. Pasaban los días y yo seguía tosiendo y bastante mal, las matronas me daban consejos para intentar evitar la inducción y tranquilizarme pero volvía a pasar lo mismo, no me ponía de parto…. Finalmente, llegó la visita a la ginecóloga de la semana 41+2 que me hubiese gustado evitar, ya no me encontraba tan mal y había dejado de toser y de tener mocos pero por lo demás seguía sin novedades, ninguna contracción. En la ecografía todo estaba correcto y le dije que no quería tacto, aceptó, pero la fecha de inducción no pude aplazarla, tampoco lo peleé mucho, es increíble cómo nos empequeñecemos en estas situaciones. Ya tenía el papel con fecha y hora de la inducción en la 41+5 como la otra vez, estaba triste porque la historia se volvía a repetir. Pero esta vez y después de hablarlo con las matronas tenía decidido que no acudiría a la cita por lo menos hasta cumplir la semana 42.

El día siguiente lo pasé bastante revuelto, muchas contracciones y dolor pero muy suave y a la tarde noche salí a dar un paseo, mi cuerpo me lo pedía. Llegué a casa, cené y me fui a la cama, otro día mas, pensé. Pero a las 2:30 de la madrugada las contracciones me despertaron y ya no pude dormir, me fui al salón sin decirle nada a Angel, las iba sobrellevando de rodillas apoyada en el sofá, eran bastante regulares cada 6-9 minutos. Sobre las 5:30 decido avisar a las matronas y a Carmen y Angel se levanta, parecía que la cosa estaba en marcha. Me preguntan si estamos bien y si queremos que vayan ya, de momento les digo que estamos bien y que les informo de cómo transcurre. Sobre las 8:30 expulso el tapón y las contracciones se vuelven más fuertes, aviso las matronas y se ponen de camino. Voy sobrellevando las contracciones bastante bien, duelen pero las aguanto, ¡estaba pasando! ¡estaba de parto! Y era tal y como lo imaginaba. Hodei ya se había despertado y me miraba extrañado, desayunó y según Angel y él salieron por la puerta para ir a la ikastola Dani llegó. Auscultó a Nikole y todo estaba bien, las contracciones era ya cada 4 minutos, enseguida vuelve Angel.

Voy sobrellevando las contracciones apoyada en el sofá, de rodillas y en la pelota y sobre las 11 llega Silvia, van a auscultando a Nikole a menudo y todo está bien. Me ponen unos paños en los riñones que me alivian bastante pero empieza a doler con más intensidad sobre todo en la zona de abajo, me quito la ropa de cintura para abajo y Dani me sugiere entrar en la piscina que un poco antes había montado a toda velocidad. Aviso a Camen para que venga y ya no hablo, entro en mi mundo, no sé muy bien lo que pasa a mi alrededor. Angel avisa a sus padres para que se hagan cargo de Hodei pero no les dice nada más, hasta que no haya nacido no queremos decir nada. Mi madre llama también para preguntar si hay novedades pero Angel no le cuenta nada tampoco.

A las 12:30 ya en la piscina parece que me alivia bastante el agua caliente que me va echando Angel por encima, estoy sentada pero debido a la intensidad de las contracciones me pongo de rodillas apoyada en el borde de la piscina, agarro a Angel en cada contracción y ya no lo suelto. Llega Carmen con cara de sorpresa porque la cosa estuviera tan avanzada (la verdad es que no me esperaba que fuera a ir tan rápido, o eso me parecía a mi por lo menos). El dolor es muy fuerte, siguen controlando a Nikole y yo empiezo a tener la sensación de que no puedo, el dolor es tan fuerte que me paraliza. Digo que no puedo, pero según lo digo me doy cuenta de que está pasando, de que había llegado ese momento en el que todas decimos ¡no puedo!, sabía que sí podía y ya no lo vuelvo a repetir. Las matronas, Carmen y Angel están ahí y me encuentro súper segura y cómoda, de repente noto como se rompe la bolsa y al de un rato empiezan los pujos, van solos, mi cuerpo empuja sin que yo pueda hacer nada, Dani me dice que si quiero me puedo quitar la camiseta para recibir a Nikole y pienso ¿ya? ¿esto ha sido todo?. Pero sigo empujando con todas mis fuerzas en cada contracción y viendo que la cosa no avanza, sobre las 15:00 me sugieren salir de la piscina para cambiar de posición. Ahora era diferente, era algo más consciente de lo que sucedía a mí alrededor y ya no era el mismo dolor de antes, mi cuerpo no paraba y en cada contracción empujaba unas 3 veces que iban de menor a mayor intensidad.

Durante la fase de pujos me puse en varias posturas pero la que más me ayudaba y en la que más sentía que Nikole iba bajando era agarrada a un columpio que teníamos puesto en el pasillo para Hodei. Pero así no podía estar mucho tiempo, estaba agotada y había ratos que los pasaba tumbada de lado en el sofá para descansar, me temblaban las piernas y sentía que se me acababan las fuerzas. Las contracciones no paraban y en el sofá me sujetaban las piernas mientras yo me agarraba a Angel, de esta manera podía descansar un pelín para volver a coger fuerzas para levantarme e ir de nuevo al columpio. Se estaba haciendo eterno, no podía mas, empecé a tener un poco de miedo, estaba volviendo a pasar lo mismo que con Hodei, Nikole no bajaba y estaba pasando mucho tiempo, la idea de desplazarme al hospital se me pasaba por la cabeza porque no sabía si lo que estaba pasando era normal. No por favor, pensaba, ¡que salga ya!, no podía más…Dani me decía que la cosa avanzaba pero que muy poco a poco y Silvia y Carmen me tranquilizaron también, todo estaba bien, Carmen me dijo que Silvia y Dani no seguirían allí si algo no iba bien. Muy poco a poco notaba como Nikole bajaba y en una de las veces que estaba tumbada en el sofá noto como la cabeza de Nikole asoma, la cara de Carmen cambia y le sale una sonrisa, ¡estaba ahí! Quería empujar con todas mis fuerzas para que saliera ya, pero para la siguiente contracción Silvia me sugiere sentarme en la silla de partos, me levanto y me siento en ella. En la siguiente contracción empujo con todas mis fuerzas, noto como sale la cabeza, quema y duele bastante pero no me importa, ¡que salga ya!, pienso, y por fín, sale la cabeza, la veo y no me lo puedo creer, ¡estaba ahí!, ¡la he visto!, ¡la he visto!, digo. Y ya en la siguiente contracción nace Nikole a las 18:05, Dani la sostiene y me la pone encima, lloro, llora Angel que estaba detrás de mí y que no me había soltado en ningún momento y lloramos todos ¡yo creo!

Miro la cabeza de Nikole asombrada por el bulto que tiene, parece ser que no estaba muy bien colocada y por eso había sido tan largo y duro el expulsivo, pregunto si en un hospital hubiesen intervenido antes de darnos nuestro tiempo y me dicen que sí. Pero estábamos en casa, lo habíamos conseguido solas, con la mejor de las compañías, en un parto duro pero respetado e íntimo.

Después de un rato y de que Nikole cogiera el pecho, me vuelvo a tumbar en el sofá a esperar a que saliera la placenta, parecía que no quería salir y Silvia me sugiere volverme a poner en la silla de partos, me levanto y cuando me siento con la siguiente contracción sale la placenta, todo está bien, lo habíamos conseguido. Ahora sí, le digo a Angel que avise a nuestra familia, ¡no se lo van a creer!, pienso. De mientras Dani, Silvia y Carmen recogen sus cosas y se van, y quedamos en que al día siguiente se pasaría Dani para rellenar papeles y controlar que todo siguiera bien.

Enseguida llega la familia, decidimos que mi suegro se quede con Hodei porque ya era tarde para él y porque yo necesitaba descansar, al día siguiente por la mañana subiría a conocer a su hermana. Se lo toman muy bien, conocen a Nikole y están un rato mientras yo me aseo y me visto y por fin cuando se van, Angel, Nikole y yo nos vamos a la cama a descansar.

Ya está, lo habíamos conseguido, sabía que podía y lo logré. Gracias, gracias a todas las mujeres que sin conocer me transmitieron fuerza y confianza, a las matronas que luchan por los partos respetados y sobre todo a Dani y Silvia (sin ellos no hubiese sido posible) que hicieron que ese día todo fuera perfecto, a Carmen, nuestra doula, por estar ahí, por sus clases de yoga, por sus conocimientos y consejos. A todos mis amigos, amigas y compañeras de yoga que no me juzgaron por mi decisión y a la familia que no reprochó nada. Pero sobre todo a Angel que en todo momento confió en mí, que no dudó ni un solo momento de que lo podíamos conseguir, que me apoyó en todo momento y que el día del parto lo dió todo, fue mi apoyo para sobrellevar el dolor de la mejor manera posible, dolor que ahora después de que ha pasado el tiempo lo recuerdo como un dolor gustoso.

Y como no, Eskerrik asko Hodei! siento mucho que nuestro encuentro fuera como fue, no hay día que no piense en que no hubo derecho a que nos pasara lo que nos pasó. Pero gracias a ti, ahora soy otra, tú me has enseñado muchas cosas y gracias a ti, tu hermana ha tenido el mejor recibimiento posible, un recibimiento respetado y en paz. Eskerrik asko laztana, maite zaitut!